La historia de Los Iracundos
 
 
 

Los Iracundos.
Seis Sanduceros Famosos
Vigencia del conjunto y... la buena cocina

Cerrando esta serie de semblanzas de Los Iracundos, le corresponde, hoy al hombre "de más peso" dentro del conjunto: Hugo Burgues. Peso físico y peso musical. Nos enteramos de sus preferencias y de su exclusiva vocación por el arte culinario. Todo según declaraciones brindadas por el bajista del grupo en el Show de los Iracundos...

 

La vida de Los Iracundos 9ª. Parte

Podríamos llamarlo el ministro de relaciones públicas del conjunto. El hombre que siempre está dispuesto a conversar con la prensa y lo hace en una forma muy singular, al extremo que en muchas oportunidades no se sabe si habla en serio o en broma. Se trata de Hugo, el más simpático del grupo, quien nos conduce a la culminación de esta serie de notas sobre la vida de estos triunfadores músicos compatriotas.

"Voy a hacerme eco, apoyándome en las apreciaciones realizadas por el resto de mis compañeros, sobre lo que dio en llamarse la mejor etapa en la carrera artística de Los Iracundos, ubicable entre los años 1968 a 1971. A esa etapa yo la llamaría la de la maduración y asentamiento musical, la que nos permitió mantener hasta nuestros días un estilo propio, cosa que por este tiempo es muy difícil de concretar, ya que la mayoría de los conjuntos han tenido que realizar grandes cambios de estilo para poder mantenerse y seguir adelante. Por suerte para nosotros, y gracias a Dios, seguimos como el primer día con la música que a lo largo de este tiempo ha venido identificando a Los Iracundos.

Y sigue hablando Hugo: "Yo creo que existen épocas buenas y épocas regulares en la vida musical de un conjunto. Importan mucho, diría que son de carácter trascendental, las iniciales, cuando te haces conocer, cuando le pegas en la composición de un tema, cuando conseguís que una canción esté en boca de todos. Pero hay otra etapa en la vida de Los Iracundos, que no pertenece a tiempos pasados, sino que transcurre hoy mismo, en pleno 1962 y es -a mi modo de ver- la mejor de todas. No se trata de una fama que se vivía intensamente, con gran popularidad, con imposición sucesiva de éxitos ("Felicidad, Felicidad", "La lluvia que cae", "Puerto Montt"), pero igual es muy importante porque yo puedo apreciar que en este largo camino que hemos recorrido, y que seguimos recorriendo, hemos entregado muchas cosas que hoy siguen vivas en la gente. Y todo ello es causa de gran satisfacción, ya que se produce el fenómeno que la juventud de nuestra época nos sigue con el mismo fervor que la de aquellos años que citaba. Claro, manifestado de otra manera, porqué esa gente ahora vive otra etapa de su vida (muchos están casados, tienen hijos), pero nos siguen recordando con cariño. Y a ellos se suman las nuevas generaciones, que también gustan de nuestros temas y se convierten en nuevos seguidores de Los Iracundos. Por todo lo anterior, yo llamo la mejor época la que estamos viviendo, porque uno sigue entregando al público, su música con la sinceridad de siempre y simultáneamente, se puede apreciar la vigencia de Los Iracundos. Son veintidós años y eso hay que destacarlo. No quiero ser vanidoso con esto que digo, pero me emociona comprobarlo y a la vez me da ánimo para seguir haciendo música dentro del conjunto. Como manifesté un día: yo seguiré hasta que las velas ardan..."

El "charleta" del grupo siempre tiene algo para agregar. "Aparte de la música, aunque a causa de ésta, por las idas y venidas que siempre hemos realizado con los otros muchachos, alternando en diferentes ciudades, conviviendo y conociendo muchas costumbres de esos lugares, fui incorporando una preferencia muy personal. Creo que con sólo mirarme cualquiera se da cuenta de lo que estoy hablando. Es algo que me ha guiado en el camino de la vida como una gran estrella que ilumina la noche oscura: ¡la cocina!. Cuando viví por un tiempo en la ciudad de Córdoba tuve oportunidad de realizar un curso sobre la nueva cocina criolla argentina. Allí sumé grandes conocimientos en la materia. Y cuando las giras lo permiten, siempre me mando alguna receta. Tanto que en una ocasión, invité a los otros chiquilines del grupo con un menú de locos. La base eran las exclusivas empanadas porteñas, que son una cosa de no creer. Se comieron todo no dejando nada. Al final tuve que sacar la mesa. ¡Si no se la comen también".
 Notas de Daniel Escondeur.


REGRESA   CONTINUA

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